La clave para que alcancen los ODM los países de bajos ingresos estriba en lograr que cada persona posea los medios esenciales para llevar una vida productiva. En la actual economía mundial, esos medios incluyen un capital humano adecuado, acceso a la infraestructura esencial, y derechos políticos, sociales y económicos fundamentales (recuadro 3).
En el proceso de crecimiento económico, los Objetivos de Desarrollo del Milenio desempeñan dos funciones: Primera, los Objetivos son “fines en sí mismos”, en el sentido de que la reducción del hambre, mejores salud y educación, y acceso a agua buena y a saneamiento son metas directas de la sociedad. Segunda, los Objetivos son también insumos para el crecimiento económico y para la continuación del desarrollo. Con una potenciación adecuada respecto del capital humano, de la infraestructura y de los derechos humanos fundamentales en una economía basada en el mercado, la mujer y el hombre pueden asegurarse un empleo decente y productivo mediante su iniciativa personal. Si la infraestructura, la salud y la educación están disponibles en abundancia, los países pobres podrán hacer suya la división mundial del trabajo en formas que promuevan el crecimiento económico, eleven los niveles de vida e incrementen la modernidad tecnológica.
Ahora bien, cuando las personas e incluso economías íntegras carecen incluso de la infraestructura más básica, de servicios de salud y de educación, las fuerzas del mercado no pueden conseguir mucho por sí solas. Hogares y economías íntegras continúan siendo víctimas de la pobreza y no pueden aprovechar
los beneficios de la mundialización. Sin infraestructura básica y sin capital humano, los países quedan condenados a exportar una estrecha gama de productos básicos de escaso margen de ganancia basados en los recursos naturales (materiales) del país, en vez de una gama diversificada de exportaciones basadas en tecnología, aptitudes e inversiones de capital. En esas circunstancias, la mundialización puede dar resultados negativos importantes, como por ejemplo el éxodo de cerebros, la degradación del medio ambiente, la huída de capitales, y una degradación de la relación de intercambio, más bien que beneficios derivados del incremento de las inversiones extranjeras directas y los progresos tecnológicos.
Considérese la situación de un poblado típico con hogares que tienen una agricultura de subsistencia en un país pobre como Afganistán, Bhután, Bolivia, Burkina Faso, Etiopía, Nicaragua o Papua Nueva Guinea. El poblado carece de acceso a una carretera pavimentada y al transporte con vehículos. Carece también de electricidad, hay que atender sus necesidades energéticas extrayendo madera de los terrenos boscosos y madereros secundarios, cuya superficie disminuye. El agua de beber no es segura y las letrinas suelen hacer de vívero de infecciones a través de la contaminación alimentaria y al abastecimiento local de agua. Los niños son víctimas de diarreas, neumonía o paludismo.
En un poblado africano, los adultos sucumben al SIDA y a la tuberculosis, sin esperanza de tratamiento. Los agricultores se defienden, pero ni siquiera producen alimentos suficientes para nutrir a sus familias. El suelo hace mucho tiempo que quedó privado de nutrientes, especialmente de nitrógeno. Las lluvias escasean y no hay posibilidad de irrigar los terrenos.
En la situación de ese poblado, la mujer tiene que hacer frente a una triple carga: cuidar de los niños, los ancianos y los enfermos; dedicar largas horas a la recogida de agua y de leña, a producir alimentos y a elaborarlos; y trabajar en explotaciones agrícolas o en empresas familiares a cambio de poco o nada. Empobrecidas, las familias tienen más hijos que los que quisieran tener, por falta de acceso a la educación, a anticonceptivos, a oportunidades decentes de empleo, y a servicios e informaciones sobre salud sexual y de procreación. Y las madres perecen en los partos en proporción que rebasan en centenares de veces la proporción del mundo próspero, ya que no hay servicio de obstetricia de urgencia.
Por sí solas, las fuerzas del mercado no salvarán al poblado. En realidad, los mercados tienden a dejar de lado a los poblados, ya que el poblado no posee ningún ingreso monetario o, si lo posee, es escasísimo, ni dispone de medios para obtenerlo en vista de la escasa productividad y de su deficiente conexión con la economía mundial y regional. El poblado subsiste malamente gracias a los alimentos que produce. Sin dinero, el poblado no puede atraer a doctores, o a profesores, o a empresas de transporte. Sin electricidad ni acceso a los carburantes modernos, el poblado no puede instalar ni hacer funcionar equipos de elaboración de alimento, ni bombas de riego, ni computadoras, ni herramientas eléctricas para carpintería o para fabricar ropa. Sus habitantes no poseen ingresos suficientes para ahorrar algo. Las inversiones privadas no llegan al poblado, pues carece de infraestructura y de una mano de obra capacitada. Los jóvenes de uno u otro género que saben leer y escribir se van del poblado y los que están más instruidos, se van del país.
La misma espiral descendente se aplica a muchas zonas urbanas. A su llegada, los migrantes de zonas rurales quizá encuentren empleo inseguro o en el sector no estructurado, pero descubren que la vivienda es inaccesible e inasequible. Entonces se refugian en asentamientos del sector no estructurado, hacinados y con escasos servicios. Muchas de las mayores aglomeraciones humanas del mundo de bajos ingresos son como poblados muy extensos, y las ciudades en rápida expansión de los países de medianos ingresos están a menudo muy mal planificadas, e incluyen extensas zonas desprovistas de infraestructura en servicio, de posibilidades de empleo, y de normas de gestión ambiental.
Una generación o más de una generación de migrantes provenientes de las zonas rurales, combinadas con el rápido crecimiento natural de la población, dan por resultado una proliferación de humanidad densamente asentada, que carece de los elementos básicos del cuidado de la salud, la educación, la electricidad, el abastecimiento de agua para uso doméstico, el saneamiento, la eliminación de desechos sólidos y el acceso al transporte. Las personas que viven en tugurios quedan verdaderamente excluidas de la posibilidad de disfrutar de sus derechos políticos, sociales y económicos. Algunos tugurios están tan densamente poblados que ni siquiera es posible entrar en ellos con una ambulancia. Enfermedades como la tuberculosis se propagan como un incendio forestal. A menudo el VIH/SIDA es prácticamente omnipresente.
A pesar de todo, se pueden adoptar medidas prácticas para invertir el rumbo de las cosas. Los poblados y las ciudades se pueden integrar en el crecimiento económico mundial si se les dota de la infraestructura y del capital humano necesarios para conseguirlo. Si se dota a cada poblado de una carretera, acceso al transporte, electricidad, una clínica, agua limpia para beber, educación, y otros elementos esenciales, los habitantes de poblados de países muy pobres demostrarán la misma determinación y el mismo celo empresarial que han demostrado los pueblos de todo el mundo. Si cada ciudad posee una red de electricidad fiable, telecomunicaciones competitivas, acceso al transporte, vivienda accesible y asequible para los pobres, un sistema de abastecimiento de agua y de saneamiento, y acceso a los mercados mundiales a través de carreteras o de puertos modernos, entonces los puestos de trabajo y las inversiones extranjeras afluirán a la ciudad en vez de que los trabajadores instruidos se vayan de ella.
La inversión en estructura esencial, capital humano y buena gobernanza, por lo tanto, ayuda a conseguir varias cosas:
- Convierte la agricultura de subsistencia en agricultura comercial.
- Establece la base de un crecimiento económico y exportaciones diversificadas impulsados por el sector privado.
- Permite que un país se sume a la división global del trabajo en forma productiva.
- Abre las puertas al adelanto tecnológico, y más adelante a una economía de base innovadora.
La consecución de los Objetivos consiste en gran parte en efectuar inversiones fundamentales en la infraestructura y en capital humano que permitan que los pobres puedan sumarse a la economía mundial, al mismo tiempo que se les reconocen derechos económicos, políticos y sociales que les permitirán aprovechar plenamente la infraestructura y el capital humano., independientemente del lugar en que deseen vivir. |