Para más de 1000 millones de personas que viven todavía en condiciones de pobreza extrema, los ODM representan una cuestión de vida o muerte. La pobreza extrema se puede definir como “pobreza que mata”, pues priva a las personas de los medios necesarios para seguir viviendo frente al hambre, la enfermedad y los riesgos ambientales. Cuando una persona vive en la pobreza extrema y carece de los escasos ingresos necesarios, aunque no sea más que para sufragar las necesidades básicas, el sencillo episodio de una enfermedad, o una inundación, o una plaga que destruye una cosecha, puede representar la diferencia que hay entre vivir y morir. En hogares que adolecen de una pobreza extrema, la esperanza de vida es a menudo la mitad que en el mundo de ingresos altos: cuarenta años en vez de ochenta. Es cosa corriente que de cada mil niños nacidos, más de cien perezcan antes de su quinto cumpleaños, en comparación con menos de 10 en el mundo de ingresos altos. Un niño que nazca hoy en el África subsahariana sólo tiene un tercio de posibilidades de llegar hasta los 65 años de edad.
Los ODM son fines en sí mismos, pero para esos hogares también son “insumos de capital”, es decir, medios para llevar una vida productiva, para el crecimiento económico y para mejorar el desarrollo. Un trabajador más sano es un trabajador más productivo. Un trabajador más instruido es un trabajador más productivo. Una estructura mejor de abastecimiento de agua y de saneamiento incrementa la producción per cápita de diversas maneras, por ejemplo reduciendo el número o la frecuencia de las enfermedades. O sea que muchos de los ODM constituyen una parte de la acumulación de capitales, definida en términos amplios, así como ODM convenientes por sí solos.
Los ODM relacionados con el hambre y la enfermedad forman parte del capital humano. Los ODM relacionados con el abastecimiento de agua y el saneamiento y con los habitantes de tugurios forman parte de la infraestructura. El Objetivo de la sostenibilidad natural es parte del capital natural. El primer Objetivo de la reducción de la pobreza es parte del crecimiento económico. Y como la consecución de los ODM relacionados con el hambre, la educación, la igualdad de los géneros, el medio ambiente y la salud reviste importancia vital para el crecimiento económico global y para el desarrollo, es un error hablar sencillamente de la tasa de crecimiento económico necesaria para conseguir los ODM en un país determinado. Es más útil, particularmente en el caso de los países más pobres que no salen del estancamiento económico, describir la gama y el nivel de las inversiones necesarias para conseguir los numerosos ODM, que por lo tanto promueven el crecimiento económico general.
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