Cada país tiene su propio grupo específico de retos, pero algunas tendencias generales se pueden extrapolar como prioridades. Un reto de ámbito universal consiste en lograr que las minorías étnicas, los focos de pobreza y los tugurios regionales reciban inversiones con destino a los Objetivos. A continuación se destacan algunas prioridades regionales, que se examinan más detalladamente en la serie de informes finales del Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas.
África subsahariana. La diagnosis común en el caso de África subsahariana es que está padeciendo una crisis de gobernanza. Esa es una conclusión demasiado simplista. Muchas partes de África están bien gobernadas, habida cuenta de los niveles de ingresos y de la extensión de la pobreza, pero han caído en una trampa de pobreza. Los retos para el desarrollo de la región son mucho más profundos que el de la mera “gobernanza”. Muchos países requieren un “gran empujón” de inversiones públicas para superar los altos costos de transporte de la región, sus mercados en general pequeños, la baja productividad de su agricultura, las condiciones agroclimáticas adversas, la pesada carga de las enfermedades, y la lenta difusión de la tecnología proveniente del extranjero.
Una estrategia basada en los ODM para el África subsahariana necesita concentrarse en el desarrollo rural en pro de una Revolución Verde africana en el siglo XX y estrategias que hagan mucho más productivas a las ciudades de rápido crecimiento de la región, especialmente para las exportaciones que requieren gran mano de obra intensiva. Los sistemas de salud pública de África necesitan importantes inversiones para ocuparse de la pandemia del VIH-SIDA, la tuberculosis y el paludismo, para hacer frente a los elevadísimos niveles de mortalidad infantil y materna, y para ofrecer servicios de salud sexual y reproductiva que permitirían que los nacimientos sean más oportunos y espaciados, así como una reducción voluntaria a tamaños de familia deseados. Las estrategias de educación han de concentrarse en el aumento del suministro de infraestructura y recursos humanos y en los aspectos de la demanda de incentivos para niñas y estudiantes vulnerables.
El continente requiere también importantes inversiones en infraestructura para la energía y la gestión de recursos hídricos. La movilización de la ciencia y la integración regional también requieren un enérgico impulso. En todos los aspectos del desarrollo, las estrategias destinadas a África necesitan prestar especial atención a la situación de las niñas y las mujeres, que tienden a tropezar con profundos obstáculos y prejuicios políticos, sociales y jurídicos.
Asia oriental y sudoriental. En Asia oriental y sudoriental se han logrado enormes progresos en relación con muchos de los Objetivos, especialmente para la reducción de la pobreza de ingreso, el hambre y la desigualdad de géneros. La economía de China ha estado creciendo rápidamente, pero todavía necesita grandes inversiones en sistemas de salud pública, infraestructura rural, educación y gestión ambiental, esfera esta última que ha de enfrentarse con algunas de las consecuencias perjudiciales de la rápida industrialización. Los retos ambientales incluyen la gestión forestal y la diversidad biológica, y la reducción de la contaminación del aire y el agua. Otras partes de Asia oriental y sudoriental requieren análogas inversiones en infraestructura, medio ambiente y servicios sociales, junto con una mayor atención a los sistemas de gestión pública y mayores capacidades científicas y tecnológicas.
Asia meridional. Asia meridional está efectuando rápidos avances generales en la reducción de la pobreza, debidos especialmente al dinámico crecimiento de la India. A pesar de ello continúa habiendo pobreza extrema en zonas rurales y en zonas urbanas. Las inversiones prioritarias incluyen la mejora de los servicios y la infraestructura esenciales de salud; un mayor acceso a escuelas de alta calidad; infraestructura agrícola (carreteras secundarias, instalaciones de almacenamiento); mejor gestión hídrica para la agricultura (riego, agua para cosechas, gestión de aguas subterráneas); mejora de tugurios, y mejor gestión del sector público. Los programas de inversión deben centrarse también en la consecución de la igualdad de géneros, incluidos los derechos y la salud en materia de procreación, y la integración de poblaciones marginadas, incluidas comunidades de casta baja o ajenas a las castas, así como poblaciones tribales.
CEI en Asia central. Los países de Asia central han padecido los múltiples efectos del colapso económico posterior al régimen soviético, una geografía desfavorable por falta de litoral, e inversiones insuficientes en la infraestructura de transportes para comunicar la región con los mercados mundiales. Después de una disminución de muchos indicadores del desarrollo humano durante un período de 15 o más años, se necesita una amplia gama de inversiones en transportes básicos e infraestructura energética, mejores instalaciones de abastecimiento de agua y saneamiento, y sistemas educativos y de salud más eficaces. Los países necesitan fortalecer su capacidad de gestión del sector público, reducir la corrupción y aumentar la cooperación con otros países para mejorar la integración regional y la gestión ambiental. Además, muchos países tienen que mejorar el entorno normativo para el desarrollo del sector privado.
CEI en Europa. Muchos de estos países están recuperándose todavía tras el colapso de la Unión Soviética, pero en general la región está bien orientada hacia la consecución de los Objetivos. Las estrategias de inversión deben centrarse en la capacidad de los resentidos sistemas de gestión pública, recursos para los resentidos sistemas de salud y educación y la planificación y gestión ambientales. Muchos países en transición necesitan también servicios para grupos marginados y víctimas de exclusión.
Oriente Medio y África del Norte. Esta región se está moviendo en la buena dirección respecto de la mayor parte de los indicadores, pero precisa acelerar sus progresos generales para conseguir los Objetivos. Las prioridades incluyen intervenciones encaminadas a apoyar la igualdad de géneros, una importante expansión de los servicios sanitarios de calidad, y programas de lucha contra la desertificación y la escasez de agua. Otras prioridades consisten en fomentar las oportunidades educativas y laborales para los jóvenes, mejorar los medios de vida rurales, e invertir para el desarrollo de la ciencia y la tecnología indígenas.
América Latina y el Caribe. América Latina, que es la región más desarrollada de las regiones en desarrollo, ha efectuado limitados progresos hacia la consecución de los Objetivos. Las desigualdades, a menudo vinculadas a divisiones étnicas, son extremadas, y los retos del crecimiento económico continúan siendo particularmente severos en los países andinos, en los de Centroamérica y en algunos países del Caribe. En toda la región, el mejoramiento de la gestión ambiental y de los sistemas de salud reviste un alto grado de prioridad, sobre todo en los países del Caribe en los que el VIH/SIDA es una triste realidad o amenaza con serlo. Una mayoría de los pobres de la región vive en zonas urbanas, con lo que una mejora de los tugurios y de la infraestructura urbana es una necesidad apremiante. Los países también tienen que hacer inversiones considerables en infraestructura rural básica, seleccionando zonas y poblaciones marginadas. Se necesitan inversiones públicas de importancia para aprovechar el desarrollo tecnológico y las innovaciones científicas locales.
Países menos adelantados. Estos países requieren una asistencia especial porque no pueden atender sus necesidades básicas con sus recursos nacionales, sean cuales fueren sus propias políticas o la calidad de la gobernanza. El apoyo que se les preste debe ser compatible con el Programa de Acción de Bruselas, de las Naciones Unidas, que subraya las esferas fundamentales para ayudar a esos países a salir de la trampa de la pobreza, con inclusión del desarrollo de los recursos humanos, las inversiones para afrontar las limitaciones en materia de suministro, la protección del medio ambiente, y las inversiones para la seguridad alimentaria.
Países en desarrollo sin litoral. Estos países tienen una singular necesidad de infraestructura de transporte, integración en los mercados regionales y armonización de los procedimientos comerciales. Muchas cuestiones conexas se destacan en el Programa de Acción de Almaty, de 2003. Se necesitan importantes mejoras en ferrocarriles, carreteras, energía, y en infraestructura de comunicaciones, para reducir el costo del transporte.
Pequeños Estados insulares en desarrollo. Concentrados en el Caribe y en Oceanía, estos Estados se enfrentan con retos originados por sus dimensiones y su geografía, que limitan las posibilidades de diversificación económica y les dejan muy vulnerables a los riesgos ambientales. El Programa de Acción de Barbados para estos países, de 1995, debe recibir un apoyo político y financiero global. Además de necesitar las inversiones centradas en ODM, estos países son vulnerables a la subida del nivel de las aguas del mar y a la decoloración del coral como consecuencia del cambio climático, y necesitarán inversiones específicas para adaptarse a los efectos del calentamiento mundial.
Países vulnerables a los riesgos naturales. Los países muy vulnerables a los riesgos naturales (por ejemplo, graves fenómenos climatológicos, sequías, terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones y plagas) requieren inversiones especiales en forma de redes de seguridad social, infraestructura para la reducción de desastres, sistemas de alerta temprana, planificación de la respuesta a crisis imprevistas o emergencias, y apoyo de emergencia tras las crisis. Esas inversiones deben recibirse con suficiente anterioridad a los desastres, tanto para anticiparlos y moderar sus efectos como para responder a sus consecuencias inmediatas, que es cuando más están en juego las vidas. |