Una ejecución en serio de las metas y etapas de los ODM representa un cambio considerable de la práctica del desarrollo. En la actualidad, los países de bajos ingresos y sus asociados en el desarrollo se consagran a obtener modestas expansiones
graduales de los servicios y la infraestructura sociales. En vez de ello, recomendamos un vigoroso marco de inversiones de más de 10 años, basado en las necesidades existentes y a conseguir las metas cuantitativas que se fijan en los Objetivos. En vez de estrategias para “acelerar el progreso hacia la consecución de los Objetivos”, necesitamos estrategias para “alcanzar los Objetivos”.
Recomendamos un enfoque en cuatro etapas:
- En primer lugar, los países necesitan determinar las dimensiones fundamentales y los factores determinantes que subyacen a la pobreza extrema en “mapas de pobreza” –por regiones, localidades y género– tan bien como lo permitan los datos disponibles.
- En segundo lugar, de conformidad con los mapas de la pobreza, los países deben iniciar una evaluación de necesidades para identificar las inversiones públicas concretas que son necesarias para conseguir los ODM.
- En tercer lugar, cada país debe convertir la evaluación de necesidades en un marco de 10 años para la acción, que incluya inversiones públicas, gestión pública y financiación.
- En cuarto lugar, en el contexto del marco de 10 años cada país debe elaborar una estrategia de reducción de la pobreza de tres a cinco años basada en los ODM.
Dicha estrategia debe ser un documento operativo detallado, anexo a un marco de gastos a mediano plazo que traduzca dicha estrategia en desembolsos presupuestarios.
Es indispensable que el marco de 10 años y la estrategia de tres a cinco años para la reducción de la pobreza incluyan una estrategia de gestión del sector público, que promueva fundamentalmente la transparencia, la responsabilidad, los derechos humanos y una gestión basada en la obtención de resultados. También deben incluir una clara estrategia de descentralización en materia de fijación de metas, adopción de decisiones, presupuestación y responsabilidades de aplicación a nivel de los gobiernos locales. Además, debe haber una clara estrategia del sector privado encaminada a promover el crecimiento económico y preparar así a los países para la reducción gradual de la asistencia de donantes a plazo más largo.
Es importante tener en cuenta que no estamos proponiendo nuevos procesos de desarrollo ni nuevos instrumentos normativos. Lo único que recomendamos es que los procesos actuales se orienten verdaderamente a la consecución de los ODM. Apoyamos los Documentos de Estrategia para la Reducción de la Pobreza como importante marco para los Objetivos, pero dichos documentos necesitan urgentemente revisión para que puedan alinearse con los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Muy pocos de esos documentos son suficientemente amplios o ambiciosos para alcanzar los Objetivos, en gran parte porque han sido preparados en un contexto de asistencia insuficiente de los donantes.
El proceso de elaboración de una estrategia de reducción de la pobreza basada en los ODM ha de ser abierto y consultivo, e incluir a todos los interesados directos nacionales y extranjeros. Cada país debe establecer un grupo de estrategias de ODM presidido por el gobierno nacional, pero que incluya también a donantes bilaterales y multilaterales, organismos especializados de las Naciones Unidas, autoridades locales y provinciales, y dirigentes de la sociedad
civil del país, incluidas las organizaciones femeninas, que tradicionalmente están insuficientemente representadas. |