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  Invirtiendo en el desarrollo
El informe principal
Prefacio
Objetivos de Desarrollo del Milenio
Diez recomendaciones fundamentales
Por qué los ODM son importantes y por qué nos estamos quedando atrasados
Procesos a nivel de los países para alcanzar los Objetivos
Recomendaciones para el sistema internacional de apoyo a los procesos al nivel de cada país
Costos y beneficios de la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio
Notas, Referencias
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Costos y beneficios de la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio


Costos y beneficios de la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio
Ampliación de los medios financieros para alcanzar los Objetivos
Los beneficios: ante un decenio de grandes ambiciones

Los beneficios: ante un decenio de grandes ambiciones

 

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio exponen un panorama de retos asequibles para reducir espectacularmente la pobreza en todas sus formas, con enormes beneficios para todo el mundo. Hemos indicado al principio de este Panorama que si se concontinúan los Objetivos, más de 600 millones de personas serán rescatadas de la pobreza y se salvarán decenas de millones de vidas, y una gran proporción de las mejoras tendrán lugar en África. Otros beneficios quedan cuantificados por las sencillas extrapolaciones que se presentan en el cuadro 9. En ese cuadro no figuran el cambio total de la situación en materia de degradación ambiental que provocarán los Objetivos, ni los centenares de millones de mujeres y de niñas que vivirán en libertad, con más seguridad y mejores oportunidades, si se concontinúan los Objetivos. Detrás de esos logros se encuentran las vidas y esperanzas de personas con nuevas oportunidades para poner término a la carga de una miseria absoluta.

Ahora bien, los Objetivos de Desarrollo del Milenio no son más que una fase intermedia en el camino hacia el final de la pobreza absoluta. Aunque los Objetivos se logren en todos los países, la pobreza extrema seguirá siendo un importante problema que requerirá constante atención. Un incremento de escala en la asistencia de alta calidad para el desarrollo permitirá que muchos países superen la necesidad de un apoyo presupuestario externo en gran escala, pero los países más pobres seguirán necesitando un constante apoyo de entre el 10 y el 20 por ciento de sus PNB para no requerir ya la asistencia exterior en algún momento después del año 2015, probablemente para el año 2025 (mapa 8). Hasta entonces, y para que con el tiempo la asistencia para el desarrollo pierda su razón de ser, una asistencia sostenida será de importancia esencial. Con tal finalidad, los países de altos ingresos necesitarán mantener el apoyo en términos de cerca de un 0,7 por ciento de sus productos internos brutos durante cierto período posterior al año 2015 (cuadro 10). Para 2015, la pobreza extrema puede quedar reducida a la mitad; para 2025, la pobreza extrema puede quedar sustancialmente eliminada.

Al fijar metas tangibles, los Objetivos indican explícitamente los gastos más evidentes de la inacción en términos de vidas y oportunidades perdidas.

También ofrecen un elemento central para el programa de seguridad mundial. Como el Grupo de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio, del Secretario General, y otros muchos han indicado, el desarrollo humano y la gestión ambiental están estrechamente vinculados con la paz y la seguridad. Únicamente si reducimos la pobreza y mejoramos la gestión ambiental en los próximo decenios se podrá evitar un incremento del número de conflictos y de fracasos de los Estados. Si no se alcanzan los Objetivos, morirán millones de personas que, de lo contrario, hubieran vivido. Se verían envueltos en conflictos países que, de lo contrario, serían estables. Y el medio ambiente seguirá degradándose. Los riesgos se distribuirán entre todo el mundo, o sea que para que haya una genuina responsabilidad y un genuino liderazgo internacionales se requerirá una acción conjunta en materia de política de desarrollo y de seguridad. En línea con la recomendación del Grupo de alto nivel, los países desarrollados que aspiran a obtener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por ejemplo, deberían estar dispuestos a cumplir el compromiso del 0,7 por ciento del PNB en la AOD para el año 2015, como parte de sus responsabilidades de liderazgo.

Por suerte, el costo de conseguir los Objetivos es totalmente asequible y no excede en absoluto las promesas del 0,7 por ciento hechas en Monterrey y en Johannesburgo. La necesaria duplicación de la asistencia oficial anual para el desarrollo, que de 135.000 millones de dólares en 2006 subirá a 195.000 millones de dólares para el año 2015, palidece si se la compara con la riqueza de los países de altos ingresos y con el presupuesto militar mundial, que es de 900.000 millones de dólares al año. En realidad, la asistencia para el desarrollo resultante del aumento sólo equivaldrá al 0,5 por ciento de los ingresos combinados de los países ricos.

Huelga decir que el dinero por sí sólo no bastará para alcanzar los Objetivos y que un aumento de las inversiones ha de ir acompañado de una reforma institucional, buenas políticas, y mayores esfuerzos destinados a mejorar la responsabilidad de los gobiernos. A menos de que se disponga efectivamente de más asistencia financiera, los países de bajos ingresos y sus aliados en el desarrollo no estarán en condiciones de sostener discusiones serias y francas acerca de las reformas y las inversiones necesarias para conseguir los Objetivos. En el caso de los países en que esas reformas y buenas políticas existen ya, los países de altos ingresos deberían, en el espíritu del Consenso de Monterrey, cumplir sus compromisos de incrementar la AOD para poder trabajar con miras a conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Lo que está en juego es la credibilidad y el funcionamiento del sistema internacional. Sin un gran éxito en 2005, si los países pobres que han cumplido sus compromisos contraídos en el marco de Monterrey no reciben un apoyo efectivo para proseguir una estrategia orientada a los ODM, desaparecerá probablemente
la fe –que ya está disminuyendo– que se tienen en los compromisos internacionales encaminados a reducir la pobreza. En dicho caso, los Objetivos no se cumplirán y la confianza en la sinceridad de los países ricos que han prometido que apoyarían a los países bien gobernados que necesiten asistencia externa, se verá perjudicada, si no fatalmente, por lo menos gravemente. Si no pasamos ahora a la acción, el mundo vivirá sin objetivos.

Para que haya éxito, en el año 2005 el mundo tiene que empezar a crear capacidades, a mejorar políticas y a proporcionar las inversiones necesarias para lograr los Objetivos. Se trata de un esfuerzo que habrá que sostener en los planos local, nacional y global a lo largo de los próximos 10 años. Solamente si se pasa ahora a la acción será posible contener problemas ambientales a largo plazo, como el cambio climático y el agotamiento de las pesquerías, antes de que repercutan irreparablemente en los países pobres, que son los que menos pueden protegerse por sí mismos.

Se necesita pasar con urgencia a la acción si queremos entrar en un decenio de altas ambiciones centradas en la consecución de los Objetivos. Los países en desarrollo necesitan desplegar todos los esfuerzos posibles para movilizarse en torno a esos Objetivos. Los países ricos tienen que preguntarse a sí mismos si debe preocuparles más, como sucede actualmente con muchos de ellos, señalar con el dedo la responsabilidad de los países pobres que atender sus propios compromisos. En el año 2005, el mundo necesita desesperadamente ocuparse de sus compromisos y adoptar rápidas medidas prácticas de escala antes de que sea imposible la consecución de esos Objetivos. Si no hacemos ahora las inversiones necesarias, tendremos que esperar mucho hasta la próxima Cumbre del Milenio, en el año 3000.

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