Las preguntas fundamentales son las siguientes: ¿Cuánto costará alcanzar los Objetivos? ¿Qué proporción de los gastos totales se puede sufragar mediante un incremento de los recursos nacionales, y qué proporción tiene que ser facilitada por los donantes? Como no hay ninguna “panacea universal” que valga para conseguir los ODM, las mencionadas preguntas sólo pueden ser contestadas mediante evaluaciones detalladas de las necesidades, que hay que llevar a cabo a nivel de los países. En una primera tentativa, el Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas colaboró con organizaciones locales de investigación para preparar
evaluaciones de las necesidades de Objetivos de Desarrollo del Milenio para cinco países, que cuantificaran la estructura, los recursos humanos y las necesidades financieras. En el caso de Ghana, las inversiones públicas anuales requeridas para los ODM ascienden a 80 dólares per cápita en 2006 y alcanzarían
los 121 dólares en 2015 (cuadro 6). Las evaluaciones de las necesidades de otros países de bajos ingresos indican niveles análogos de inversiones requeridas. Téngase en cuenta que las cifras mencionadas no incluyen la cooperación técnica para la creación de capacidades y otros fines, la asistencia de urgencia, y otras AOD que no financian directamente el capital o los gastos operativos de las intervenciones en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Para financiar esas inversiones, hemos partido del supuesto de que habrá un importante incremento en la movilización de recursos nacionales debido al aumento de los gastos gubernamentales en relación con los ODM hasta un total de cuatro puntos porcentuales del PNB hasta el año 2015. Esos recursos adicionales probablemente habrá que conseguirlos mediante una fuente impositiva de amplia base, como un impuesto sobre el valor añadido, así como desviando los actuales desembolsos de escasa prioridad a inversiones para los Objetivos de Desarrollo del Milenio de mayor prioridad. Este incremento de los recursos nacionales, aunque sea muy importante como porcentaje de los ingresos domésticos, no basta para conseguir los ODM en los países pobres. Para ello, es necesaria una mayor asistencia oficial para el desarrollo.
Nuestros resultados sugieren que en un típico país de bajos ingresos con un ingreso per cápita de 300 dólares en 2005, se necesitará financiación externa para intervenciones públicas equivalentes a entre 10 y 20 por ciento del PNB. Para dichos países, los costos de alcanzar los ODM se sufragarán en proporciones prácticamente iguales con finaciación interna y ayuda oficial para el desarrollo. Mientras tanto, los países de medianos ingresos podrán financiar básicamente todas las inversiones en los ODM sin tener que recurrir a la financiación externa, a menos que se vean agobiados por excesivos volúmenes de deudas. En algunos casos será necesario adaptar los requisitos relativos al superávit primario en los presupuestos del gobierno para permitir que los países aumenten las inversiones públicas destinadas a los ODM. Es posible que, para ayudar a los países de medianos ingresos a combatir “bolsones de pobreza” especialmente dificultosos, sean necesarios niveles modestos de AOD.
Según nuestras estimaciones, el costo total de apoyar el déficit de financiación de los fondos destinados a los ODM para todos los países de bajos ingresos ascendería a 73.000 millones de dólares en 2006, y a 135.000 millones de dólares en 2015 (cuadro 7). Se prevé que los países de medianos ingresos necesitarán 10.000 millones de dólares de apoyo directo a las inversiones para los ODM. Además de esos gastos directos de inversión en la consecución de los Objetivos, hay también gastos adicionales de nivel nacional e internacional, como los gastos para la creación de capacidades de los organismos bilaterales y multilaterales, los desembolsos para ciencia y tecnología, un mayor alivio de la deuda, y otras categorías de AOD. En total, estimamos que las necesidades para alcalzar los ODM en todos los países son del orden de 121.000 millones de dólares en 2006, y ascenderán a 189.000 millones de dólares en 2015, teniendo en cuenta los incrementos de la cofinanciación en los planos nacional e internacional. Nuestros resultados indican que varios países dejarán de necesitar ayuda y pasaran al grupo de inversores en financiación para ODM antes de 2015 (mapa 8).
En el cuadro 8 estimamos un nivel plausible de corrientes generales de AOD relacionadas con los Objetivos, para lo cual efectuamos tres ajustes del cuadro 7. En primer lugar, reconocemos que además de la AOD basada en los ODM, otras formas de AOD seguirán estando justificadas. En segundo lugar, reconocemos que algunas de las necesidades relacionadas con los ODM se atenderán reprogramando la asistencia de que se disponga, más bien que aumentándola. En tercer lugar, reconocemos que algunos países no reunirán las condiciones necesarias para un incremento de la asistencia a causa de su pobre gobernanza. Con esas tres correcciones, sugerimos que un nivel plausible de la AOD general requerida para los ODM durante el decenio próximo será de 135.000 millones de dólares en 2006, y ascenderá a 195.000 millones de dólares en 2015. Esas cifras equivalen respectivamente al 0,44 y el 0,54 por ciento del PNB de los donantes.
Esas estimaciones de la AOD sugieren que los donantes deben estar dispuestos a duplicar su proporción entre AOD y PNB durante el período 2006–2015, en comparación con la actualidad. Es decir, la proporción de AOD en función del PNB de los donantes debe ser del 0,5 por ciento del PNB o más, aproximadamente el doble del nivel actual. Como nuestros cálculos de las necesidades en materia de AOD dejan al margen algunas categorías importantes de asistencia que probablemente sean necesarias en el futuro –proyectos importantes de infraestructura, incrementos de gastos en ajustes para el cambio climático, labor de reconstrucción posterior a los conflictos y otras prioridades geopolíticas insoslayables– estimamos que los donantes deberían comprometerse a alcanzar la meta de larga data del 0,7 por ciento del PNB para el año 2015. En términos aproximados, tres cuartas partes de esa cantidad se destinarían a los Objetivos, y el resto a otras necesidades de la AOD.
Aunque es evidente que de por sí no bastarían, serán necesarios incrementos considerables de la asistencia para que los países puedan conseguir los Objetivos. Así como los países en desarrollo necesitan cumplir sus compromisos de mejorar la gobernanza, los países ricos tienen que cumplir los compromisos contraídos en Monterrey de adoptar “medidas concretas para dedicar el 0,7 por ciento de producto nacional bruto como AOD para los países en desarrollo”. Para cumplir los Objetivos, los donantes necesitan asumir compromisos creíbles y a largo plazo a favor de una AOD considerablemente superior, con acceso a una mayor financiación según la calidad de las estrategias de reducción de la pobreza basadas en los ODM y los compromisos creíbles de los países de llevar a cabo las reformas necesarias.
Cinco países de altos ingresos han conseguido alcanzar ya el 0,7 por ciento fijado como meta internacional, mientras que otros seis se han comprometido a seguir un calendario concreto a fin de alcanzar dicho nivel de AOD (recuadro 11). Ahora bien, aunque todos los compromisos existentes se alcanzaran durante los cinco próximos años, el mundo seguiría experimentando un considerable déficit de financiación. Varias iniciativas han explorado la posibilidad de utilizar mecanismos de financiación innovadores para superar las limitaciones fiscales que suscita un rápido incremento de escala en la cuantía de la asistencia. Entre ellas consideramos que el Fondo internacional de financiación (FIF), ideado por el Gobierno británico, es la propuesta más moderna para conseguir un rápido incremento de la asistencia para el desarrollo.
El FIF sería un mecanismo de financiación de duración limitada destinado a duplicar por lo menos la asistencia para el desarrollo entre la actualidad y el año 2015. El Fondo recaudaría dinero adicional en los mercados internacionales de capital mediante la expedición de obligaciones, basadas en compromisos a largo plazo de los donantes, jurídicamente vinculantes. La idea de ese Fondo responde a la necesidad de efectuar un incremento rápido de escala, o “ataque frontal”, de la asistencia para el desarrollo sin imponer limitaciones excesivas a los presupuestos de los países ricos, pero permitiendo al mismo tiempo que los países donantes puedan alcanzar la meta del 0,7 por ciento del PIB para el año 2015. |